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miércoles, 20 de febrero de 2013

El Viejo Español y la Niña Cubana nº 5


Epílogo

Los recuerdos, sus ya únicos compañeros, vinieron a su mente casi agolpados, en desorden. Poco a poco fue seleccionando aquéllos que más fuerte sentía, aquellos que aún tenía pendientes por resolver, aquellos que hacían su vida algo más agradable.

Recordó cómo antes de salir de viaje se encontraba en el bar de siempre. Rogelio siempre había sido admirado por haber viajado mucho y haber tenido éxito. Según él, había que nacer con el don de gentes para triunfar en este mundo. Quizá lo tenía pues, a fin de cuentas, nunca había soltado un céntimo, siempre había alguien que le pagaba los viajes, las comidas e incluso la ropa.

Ese día, Rogelio acababa de llegar de su viaje de Cuba y, cómo no, ya estaba explicando sus aventuras a todos.

El viejo español se unió al grupo para poder escuchar las maravillas de esas tierras y de lo fantástico que era el mundo. Aquel mismo día, el viejo español se atrevió a interrumpir a Rogelio:

- ¿Y yo también podría ir?

Se hizo el silencio entre los presentes y todas las miradas estaban clavadas en el viejo español. Hasta que Rogelio dijo:

- Pues claro que sí, Paco.

El alivio fue general pues nadie se atrevía nunca a interrumpir los relatos de Rogelio.

- Es más, esta vez hasta me he echado novia -prosiguió Rogelio.

Los rostros de los presentes mostraban sorpresa y ansiaban conocer los detalles. Que un hombre de 80 años no se echaba novia todos los días.

- Mirad, mirad -dijo sacando una fotografía de la cartera- ¿A que es bonita?

El rostro de Paco palideció al ver a Rogelio con una niña de unos 12 años sentada en sus rodillas. El resto mantuvo su pequeño silencio hasta que empezaron a felicitar a Rogelio. Paco no daba crédito a lo que sus ojos veían. Rogelio se dio cuenta de la situación y se dirigió a Paco:

- Tranquilo, hombre, que todas allí lo hacen. Basta con que les des algo, una baratija, un par de billetes y ya te llaman papito y todo.

Y soltó una tremenda y sonora carcajada. El resto le coreó murmurando: "Claro, ya se sabe, es lo que tienen estos sitios."

La imagen de esa niña se le quedó grabada a Paco. Y la soledad que sentía, junto con las cosas que le explicaba Rogelio, le hizo tomar la decisión de ir a Cuba y disfrutar como lo hizo Rogelio.

Paco volvió a la realidad y se dio cuenta de que soñaba despierto, como siempre. Se levantó y se dirigió a la ducha para relajarse del viaje. Una hora después, salía a la calle en dirección al bar donde se reunían sus compañeros.

De camino al bar recordó aquella tarde, la tarde en que conoció a los padres de la niña cubana. Le había entregado un sobre con dinero y no quería que lo perdiera o se lo robaran, así que le dijo que la acompañaría a casa.

Cuando llegaron allí, la niña cubana le pidió que entrara para presentarle a su familia, como muestra de agradecimiento. Allí se encontraban los padres y los cinco hermanos de la niña cubana. Se respiraba un ambiente de cortesía y confianza aun a pesar de la miseria en que vivían.

Paco entró detrás de la niña cubana, que fue corriendo hacia su madre extendiendo el sobre en la mano derecha. Su madre cogió el sobre, lo abrió y sus ojos casi se salen al ver el contenido. Miró al marido y le dijo:

- Esto es una bendición del cielo.

El marido, viendo el contenido del sobre, asintió y extendió el brazo hacia Paco invitándole a que se sentara con ellos.

Estuvieron hablando durante dos horas, de esto, de lo otro y de aquello; de cómo era la vida en la isla, de la dureza de vivir allí, de las niñas; de la vida en España, de sus gentes e ideas.

Paco quería que la niña cubana pudiera ser alguien en la vida, quería que viviera e iba a hacer lo que estuviera en su mano para ello.

Por eso la apadrinó.

Por eso cada mes ingresará un dinero en una cuenta para que la niña cubana y su familia no sufrieran más de lo que habían sufrido.

Recordaba las caras de alegría y los gestos agradecidos, cuando llegó al bar. Como siempre, ahí estaban Rogelio y compañía, él hablando y el resto asintiendo.

- ¡Hombre, Paco! -gritó Rogelio al verle- ¿Qué tal tu viaje por placer?
- Pues aquí me tienes, -respondió Paco- encantado de la vida.
- ¿Ah, sí? Así que encontraste plan, ¿verdad? Si ya te decía yo ...
- Podríamos decirlo así.
- ¿Y eso qué significa, que sí o que no?
- Mejor llevaré yo la conversación.
- ¿Qué quieres decir? -en el rostro de Rogelio se mostró incertidumbre a la vez que indignación, nadie le llevaba la contraria.
- ¿Tienes ahí la foto de tu ... "novia"?

Al decir esta última palabra, en la cara de Paco se reflejó el mayor de los ascos.

- Claro que sí, -respondió Rogelio- pero, ¿te encuentras bien? No entiendo tu ...
- Déjamela ver, por favor.
- La verdad es que has vuelto de un "rarito" ...
- Por favor, Rogelio, déjame la foto.
- Vale, aquí la tienes -dijo Rogelio excitado.

Sacó la cartera, la abrió y extrajo la fotografía que, a regañadientes y extrañado, entregó a Paco.

Éste cogió la fotografía y la miró durante unos segundos. La misma imagen seguía allí, no había mutado en absoluto. La tenía grabada en la mente desde la primera vez que vio la fotografía y, desde entonces, no le había abandonado ni un momento, ni en sus más débiles sueños.

- Te voy a hacer un regalo, Rogelio.
- ¿Ah, sí? ¡Qué bien que te hayas acordado de mí!

Paco cogió a Rogelio de la camisa, haciéndole una especie de nudo en la garganta con ella, y lo arrinconó contra la pared, ante la mirada atónita del resto del grupo.

- ¿Ves esta foto? ¿Recuerdas esos días? Jamás, óyeme bien, jamás de la vida volverás a contar esas historias.
- ¡Paco, ¿te has vuelto loco?! ¡Me haces daño!
- ¡Mira bien la fotografía! Estas niñas son personas que sufren, y gracias a desgraciados como tú no tienen ninguna oportunidad en la vida.
- ¡Te has vuelto loco! -intentó gritar Rogelio, con la cara más colorada que un tomate.
- Loco no, he vuelto a ser persona, algo que no puedo decir de ti.
- ¡Pero tú también fuiste allí a lo mismo que yo!- casi farfullaba en un intento de coger aire.
- Sí, pero yo me di cuenta de que estaba actuando mal y decidí hacer lo correcto. ¡Tú, en cambio, no! Por ello me das asco, ¡y no mereces vivir!
- ¡Tranquilo, Paco, tranquilo! No volveré a contar nada de nada, ¡te lo juro!
- ¡Claro que no, de eso estoy seguro!

Soltó la camisa de Rogelio dejando que pudiera respirar mejor y se alejó dos pasos.

- ¿Ves la foto?
- Sí- respondió con voz apagada Rogelio.
- Pues es la última vez que la vas a ver.

Y, diciendo esto, rompió la fotografía en varios trozos pequeños.

- ¿Recuerdas su cara? ¿Recuerdas esa cara de niña pequeña a quien le robaste parte de su inocencia? Pues dejará de ser un recuerdo para ti, jamás volverás a Cuba, jamás volverás a desgraciar una vida más.

Y dio media vuelta dirigiéndose a la puerta. Antes de salir del bar gritó:

- ¡Olvídate para siempre de mi ahijada!

*** FIN ***

viernes, 15 de febrero de 2013

El Secreto nº 11


Capítulo 11
15 de Febrero de 2013

Soledad, oscuridad, silencio.
Qué extraño sueño estoy teniendo, no puedo hablar, ver ni moverme.
Espera, estoy atado. ¿Qué pasa aquí?

- ¿Hola?
El sonido de mi voz suena dentro de mí, ecos ininteligibles se desvanecen allá donde esté.

- ¿Hay alguien ahí?
Ahora puedo hablar pero sigo sin ver nada. Además, estoy atado a un taburete o una silla sin apenas respaldo y noto cómo me duele la cara, nótola viscosa, sudorosa, como si algo fuera goteando poco a poco.

- Bienvenido.
- ¿Quién habla?
- Tranquilo, puedo ayudarte.
- ¿Quién eres?
- Sólo soy alguien que puede darte la salvación.
- ¿La salvación de qué?
- De tus pecados.
Dicho esto noto cómo algo duro golpea mi espalda, dañándola y sacándome un grito.

- ¿Te vas a arrepentir?
Otro golpe, esta vez más fuerte, hace que sienta partes de mi espalda que desconocía.

- ¿O prefieres arder en el infierno?
Dolor, más dolor, infinito dolor. Siento como si las vértebras se separaran con este nuevo golpe, un punzante escalofrío que recorre todo mi cuerpo.

- ¡Estás loco!
-acierto a decir.
- ¿Loco? Para nada. Sé muy bien lo que estoy haciendo.
Le oigo detrás de mí y noto un tono burlón en sus palabras.

- ¿Qué quieres de mí?
- Ya te lo he dicho, que te arrepientas ...
Un latigazo cortante en todo el ancho de mi espalda.

- ... o que ardas en el infierno.
Al oír estas palabras veo que aparece, delante mío, una especie de hoguera con tan llameante luz que me deja casi ciego. Cuesta enfocar la vista, el calor se nota desde el primer segundo, escucho una risa detrás mío.

- Tú eliges, tuya es la decisión.
Miro hacia el suelo y veo un rastro de sangre, debajo de mí. Veo mi camisa roja y no es un efecto de las llamas: es sangre. Mi propia sangre.

- ¡Haré lo que quieras pero déjame vivir!
- Creo que es imposible, has de purificar tus pecados.
- ¡Pero, ¿qué he hecho yo?!
- Mataste a un hombre.
Qué extraño, ¿cómo puede saberlo? ¿Quién es este loco?

- Hiciste algo abominable y has de pagar por ello.
¿Por qué será que esta voz me resulta familiar? Intento recordar pero el calor del fuego me está provocando mareos, sudores, creo que he perdido bastante sangre y no tengo fuerzas para intentar desatarme.

- Dicen que la venganza es un plato que se sirve en frío ...
¡Oh, Dios mío, me va a matar!

- ... pero yo prefiero que mueras ardiendo, Juan.
- ¡Socorro!


domingo, 10 de febrero de 2013

Un día de San Valentín

Un día de San Valentín. El amor joven

10 de Febrero de 2013
Escrito el 8 de Febrero de 1999

Era una bella tarde de invierno, brillando el sol, cantando los pájaros. No tenía que temer nada, ella me quería. No podía dejar de pensar en ella. Hasta que sonó el timbre.

Con prisa, cogí el llavero y la chaqueta, me encaminé escaleras abajo y la encontré allí. Enfundada en unos ceñidos pantalones rasos, de una sola costura. Se abrigaba gracias a un jersey oscuro con un cuello que dejaba entrever la camiseta blanca que decoraba a juego su delgado y esbelto cuello, cerrado por un colgante de plata, su nombre grabado. Su calzado la había hecho crecer tres o cuatro centímetros mientras que su verde mirada me invadía por dentro.

Un claro de esperanza inundó mi ser.

Su cabello liso se reunía en una pequeña cola bien hecha. Con el pelo suelto, su mirada cambiaba: de ser agradable a tener cierto tono de maldad. Poseía unos dotes inusuales para hacer que me sintiera bien, cual fuera el momento.

Recuerdo los despertares en casa de mis padres acompañados del ansia por bajar al bar para que me sirviera un café. Todavía sigue viva la primera vez que le dije lo que sentía por ella, hace cinco años. Nadie la había invitado para aquel Domingo. Era Sábado y me sirvió mi acostumbrado café cuando, en un descanso de barra, nos pusimos a hablar. Nadie la había llamado y no sabía por qué. Decidí hacer público mi amor pero sólo acerté a decirle:

- Quizá aceptes que te invite mañana a tomar algo.

Ella no salió de su asombro, cuando me dijo:

- ¿No será una invitación para salir o algo así?
- Así es -respondí- Quiero quedar contigo mañana.
- ¿No tenías a nadie con quien salir o qué? Ya soy mayorcita para que me lleven a tomar algo por ahí. Si salgo, me voy con mis amigas.
- Y seguro que no tienen nada que hacer. Acéptalo, mañana es San Valentín y me gustaría quedar contigo. Nada especial, si tú no quieres.
- Bueno, pero no te hagas ilusiones.
- ¿Quedamos, entonces, a las cinco y media aquí delante?
- Vale.

Y allí quedó todo. Al día siguiente fue como un sueño grandioso. Nada más llegar ella me preguntó dónde iríamos. "¡Sorpresa!", le dije yo. Aceptó y empezamos a andar, sin rumbo fijo, por la calle Ancha. Llegados a las Ramblas, subimos hacia la plaza Cataluña, no sin antes pararnos en los tenderetes donde se vendían collares y anillos, pañuelos y todo tipo de alhajas.

- ¡Qué bonito es esto! ¡Qué bonito es lo otro!
- ¿Quieres algo de esto?
- No hace falta, gracias.
- ¿No te haría ilusión un recuerdo?
- Sí, pero me conformo con recordar el paseo.

Al final conseguí convencerla y le compré un anillo, inscrito en él la fecha de hoy, 14 de febrero. Todavía lo lleva puesto. Es el único que lleva puesto.

Seguimos, cogidos de la mano, paseando por tan magistral museo vial hasta que llegamos a la plaza Cataluña. Subimos la Rambla de Cataluña hasta la calle Córcega donde, tiempo atrás, había conocido un bar bastante cálido e íntimo. La invité a entrar, no sin fijarme en la expresión que surgió en su rostro al ver tan bonito lugar. Saludé al camarero que nos indicó una mesa apartada y sugerente al retiro armónico de dos seres que se quieren. Leves frases y susurros es lo único que la gente sabe de nuestro encuentro. Ni en el más interno de mis deseos hubiera imaginado una tarde como aquélla.

rpPaco

martes, 5 de febrero de 2013

El Poeta Errante nº 8



El Octavo Pasajero
5 de Febrero de 2013
Subiendo a un medio de transporte público compruebo que soy el octavo pasajero. Dos mujeres de cierta edad charlan tranquilamente mientras, con el rabillo de los ojos (del de cada una, claro), se actualizan en cuanto a nuevos viajeros se refiere.
Una joven pareja, al fondo, se debate entre demostrar públicamente su amor o compartir, vía tecnológica, sus pequeñas ideas en lenguaje no regulado. Una chica joven, embarazada, con tres bolsas bien cargadas de elementos básicos y en oferta, pues una inminente subida de impuestos puede dejarle con la mitad de lo necesario para subsistir. Un hombre cuyos ojos vieron antaño mejores tiempos se acompaña de un viejo y gastado bastón, compañero fiel desde aquel día que necesitó apoyarse en algo. Un muchacho de apenas quince años carga con su mochila tras la espalda, seguramente llena de libros pesados que buen tiempo le costará aprender.
Y después estoy yo, el octavo pasajero. Y no me juzguéis mal, que no soy un alien, un extranjero en el planeta Tierra. Soy uno más, un simple ciudadano que, para poder moverme a largas distancias e intentar reducir mínimamente el desgaste en la naturaleza, utiliza el transporte público.
Porque al precio que está el carburante, podría dedicarme a recoger el que encuentro en los aparcamientos y venderlo a precio de oro.
Y me despido con un dicho popular en referencia al artículo octavo de la Constitución de 1812, pues Hacienda somos todos, aunque cambien los tiempos.

El Poeta Errante

jueves, 31 de enero de 2013

Avances: Febrero '13

Avance

Febrero 2013

Ya hemos pasado el primer mes del año y espero que no se hayan pasado las ansias por leer nuevos blogs.
Aquí traigo, como cada mes, el avance para el próximo, así que estéis informadas/os de las novedades y atentas/os a las publicaciones.
Día 5: Octavo blog de El Poeta Errante, a quien no afecta ni el frío ni las cuestas.
Día 10: Aprovechando la proximidad de San Valentín, una bonita historia de amor en "Un día de San Valentín".
Día 15: ¿De dónde vendrá el grito que han escuchado? ¿Tendrá razón Sonia al decir que es Juan? Descúbrelo en el capítulo 11 de "El Secreto".
Día 20: Esperado e inesperado final para "El Viejo Español y la Niña Cubana". ¡No te lo pierdas!
Día 25: Después de la Introducción, el Capítulo 1 de "El Día Señalado".
Día 28: Avance del próximo mes de Marzo de 2013.
Como siempre, mi más sincero agradecimiento a quienes me seguís, así como a quienes entran esporádicamente y disfrutan con nuevas letras mías.
rpPaco

viernes, 25 de enero de 2013

El Día Señalado 1

EL DÍA SEÑALADO

Introducción

25 de Enero de 2013

Como cada día, puntual, sonó el despertador con su vibrante e insistente sonido, esperando que la mano que le da cuerda todos los días le increpe para apagar su voz hasta la siguiente llamada a la realidad.

Como cada día, se levantó apresurado para ir a trabajar. Trasnochar no le sentaba demasiado bien pero el insomnio se había agudizado por el repentino calor. Aprovechaba entonces para recorrer las calles, casi vacías a esas horas, observar las pocas personas que deambulaban y tomarse una o dos copas hasta que el cuerpo le indicara que estaba preparado para descansar.

Como cada día, casi como un ritual, se levantó, preparó el desayuno, se aseó, se vistió, recogió las cosas que tenía por medio y salió del piso, no sin antes conectar la alarma. Bajó al garaje, se metió en el coche y salió a velocidad prudencial hacia la calle.

Como cada día, condujo por el entramado de calles de la ciudad, fue por la gran avenida, subió casi al final de una inclinada calle y aparcó el coche. Entró en un gran edificio decorado externamente por blanca fachada y coloridos vidrios donde se podía leer "Hotel Descansillo".

Como cada día, se dispuso a realizar su diario trabajo, con sus rutinas marcadas y sus tareas bien distribuidas, cambiándose de ropa para tal efecto y desconociendo el final de un día que no iba a ser como los demás.


domingo, 20 de enero de 2013

El Viejo Español y La Niña Cubana nº 4


La Decisión


... y la apartó, no con desprecio sino con cariño. Miro fijamente a la niña cubana y le dijo:

- Quiero que vivas.

La niña cubana, al oír estas palabras, mutó su rostro en sorpresa e incertidumbre.

- Pero si ya vivo.


Su voz revelaba que nunca antes se había encontrado en una situación como ésta.

- No,- dijo el viejo español -no vives, malvives. Y yo quiero que vivas, con esa energía que tienes y esa decisión.

La niña cubana no sabía qué decir, se encontraba como en medio de un sueño feliz y una pesadilla. Tenía un repentino miedo de no haberle gustado al viejo español y no poder llevar a casa nada de valor para poder comer. También sentía alegría al ver que alguien se preocupaba de ella más allá de lo puro cotidiano.

- Sé que será difícil -prosiguió el viejo español- pero debes mejorar tu estilo de vida. Aún estás a tiempo de triunfar en esta vida.

La niña cubana seguía sin decir nada, escuchando a ese viejo español que le estaba abriendo los ojos y le estaba dando esperanzas a sus sueños, a una vida mejor.

- Sé que no es gran cosa pero, de momento, tendréis para comer bastantes días seguidos- y le alargó un sobre abultado.

La niña cubana lo cogió, brillando en sus oscuros ojos la más sincera de las gracias y, acercándose al viejo español, le dio un beso en la mejilla.


Al día siguiente, mientras el barco se alejaba del puerto, el viejo español se despedía desde la cubierta de su recién ahijada, la niña cubana, y de los padres de ésta, con quienes había hablado la tarde del día anterior.

Vino buscando algo que no sabía qué era y acabó ayudando a otra persona, llevándose mayor satisfacción con lo que había hecho que con lo que podía haber pasado.

martes, 15 de enero de 2013

El Secreto nº 10


Capítulo 10
15 de Enero de 2013


Anselmo y Eulalia mostraban en sus rostros sorpresa, horror, vergüenza e incertidumbre. Sabían que Tomás siempre fue un ser violento que hacía cosas sin sentido, como un loco, sin acordarse después de lo que había hecho. Pero nunca creyeron que hubiera rebasado la línea; era demasiado incomprensible, aun para Tomás.

- Espera un momento, "pegajoso".
-dijo Anselmo- Perdón, quiero decir Paco. -rectificó al ver la mirada de Paco- Tú no tenías familia, ¿no es cierto?
- ¿Y tú qué sabes?
-dijo Paco.
- Veo que sigues sin recordarme ...
- ¿De qué habláis?
-preguntó Eulalia.
- Aquí tu hermano, que parece saberlo todo.
- Todo no,
-dijo Anselmo- sólo lo que he visto.
- Pero ha dicho ...
-siguió Eulalia.
- Sí, sé lo que ha dicho
-contestó Paco bruscamente.
- Eso os lo explico yo
-dijo Sonia.
Roberto se había levantado del suelo, donde quedó aturdido después del accidentado disparo. Ningún rasguño, sólo un susto.

- Cuando Paco tenía 12 años -prosiguió Sonia- sus padres organizaron una fiesta en una cabaña que tenían en la montaña. Fueron ellos, los tíos y los primos de Paco. También Ana.
Paco bajó la cabeza y tragó saliva, duro era el recuerdo, amargo el sentimiento.

- Ana y Paco fueron a jugar fuera de la casa, eran vecinos y se sentían muy unidos. Estuvieron saltando entre la maleza que hay en un campo cercano a la cabaña y estuvieron un buen rato. Entonces notaron que la tierra estaba temblando y, asustados, regresaron a la cabaña. Cuando llegaron allí, el temblor había desaparecido pero la cabaña estaba totalmente destrozada. Habían caído piedras de la montaña a causa del terremoto. Y había dejado la zona arrasada, como si hubiera pasado una demoledora.
Sonia se paró un momento, sequedad en la garganta, una lágrima en sus ojos.

- Después de ser rescatados de allí, y siendo los únicos supervivientes, Paco fue acogido por la familia de Ana. Por eso que, para él, siempre será su hermana.
Paco no decía nada, angustiado por el triste recuerdo. Roberto seguía apartado, atento a lo que se decía, entendiendo y compadeciendo al pobre Paco.
Anselmo notaba un nudo en la garganta, no podía tragar bien, dolor en el cuerpo, pesadez en el alma. Eulalia estaba llorando. Había sido una tarde muy tensa para ella, buscando venganza y encontrando vidas destrozadas por la vida misma y por Tomás.
El silencio se había hecho obligado en el porche, cada cual a sus pensamientos, el aire comenzando a soplar levemente, el día llegando al atardecer, la luz disipándose poco a poco.

- ¡Socorro!
Un grito los sacó de su letargo haciendo que se pusieran de pie.

- ¡Socorro!
-volvió a oírse.
- ¿Juan?
-dijo Sonia abriendo los ojos desmesuradamente.
- ¡Socorro!
- ¡¡Juan!!
-gritó Sonia.


jueves, 10 de enero de 2013

Fue bonito mientras duró... (V)



... ella se dio cuenta de mi creciente excitación y me dijo de ir a su casa que, curiosamente, estaba cerca de allí. Nos dirigimos con paso algo más ligero de lo normal, ella con su brazo en mi cintura, yo con el mío sobre sus hombros.

Cuando llegamos, y después de haber aprovechado en el ascensor para besarnos apasionadamente, entramos en su piso y continuamos con nuestro intercambio de besos, caricias y abrazos.

Me llevó sutilmente, en medio de esa pequeña batalla de placer, hacia el dormitorio y, una vez allí, se paró, se separó de mí y me dijo:

- Ahora podremos realizar juntos nuestras fantasías.

Y, dicho esto, comenzó a desnudarse.

Primero se quitó la chaqueta y cuando estaba desabrochando los botones de su blusa, comencé a oír un sonido familiar y repetitivo. Noté que se había quedado todo a oscuras excepto una pequeña luz a dos pasos de mí.

Alargué el brazo, no sin hacer un extraño y cansado esfuerzo, y vi que era el despertador que me avisaba para levantarme e ir a trabajar ...

¡Maldita la hora en que creí que todo fue real! Hoy es Sábado y no creo que ella vaya a venir, como en mi sueño ... la verdad es que fue bonito mientras duró ... pero qué mala leche me queda para todo el Sábado ...


*-*   FIN   *-*

sábado, 5 de enero de 2013

El Poeta Errante nº 7



Subiendo al Séptimo Cielo
5 de Enero de 2013


El otro día comí un filete a la plancha con patatas asadas, acompañado todo ello por unas hojas de lechuga y unas tiras de pimiento rojo asado. Y disfruté como un bellaco. El día estaba encapotado pero me encontré subiendo al séptimo cielo.
¿Y cuántos cielos debe haber si yo sólo veo uno?
Estas expresiones hechas, a veces nos hacen pensar en nuestra pobre existencia y en lo banal que resultan nuestros actos. Porque si miro hacia arriba, no veo más cielo que el que está sobre mi cabeza. Y a veces ese cielo se enfada y deja caer agua, piedra o nieve, según le convenga. Incluso un día me trajo un par de pinzas para la ropa y dos calcetines de diferente color.
Como todo en esta vida, a veces es mejor dejarse llevar por la corriente, aunque agua no lleve, y disfrutar de los pequeños (y sabrosos) placeres que, a ciencia cierta, no encontraremos en esos cielos que no vemos. Pues el chocolate, aunque divino, sólo lo podremos disfrutar si lo compramos, previo pago, en las tiendas. Como sugerencia, una buena película donde los protagonistas sena más desgraciados que uno mismo (que siempre sube la moral).
Y dejemos de lado creencias que subyugan nuestras mentes e impiden que seamos nosotros mismos, haciéndonos irracionales. Vivamos la vida lo mejor que podamos, ayudando al compañero, y recordando que nuestro vecino también quiere subir al séptimo cielo.
El Poeta Errante